CRISIS

31/01/2012 | 2 comentarios »

Últimamente me he encontrado con pequeños detalles, pequeñas pistas, nada importante, que me hacen preguntarme: ¿a ver si estaremos en crisis?

Por ejemplo, a pesar de los recortes en sanidad, yo no sabía que hubiera doctores de los hospitales públicos que ya están cobrando a los usuarios por sus visitas. Esta foto está tomada en el hospital (público) de Sant Pau.

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Por muy barata que sea la doctora me parece escandaloso.

Esta otra foto demuestra que los que profesionales de la reparación en general no tienen ni para fotocopias.

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En cambio lo que es celo les sobra. Se lo deben regalar. O a lo mejor compra mucho, cantidades industriales, y le sale tan bien de precio que se puede permitir derrocharlo. En todo caso queda demostrado que si quieres una chapuza, este es tu hombre.

La crisis ha llegado incluso al universo Star Wars.

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Las espadas láser se han convertido en navajas láser. No se que diría Obi Uan si levantara la cabeza (de hecho no se conserva el cadáver, ya que se vaporizó en la estrella de la muerte, por lo tanto deberíamos decir “¿qué diría Obi Uan si reapareciera su cabeza flotando en el aire?”). Esta arma seria más propia de Curro Jiménez Skywalker. Como ha cambiado la galaxia.

La siguiente foto tiene que ver con la crisis pero va más allá. Plantea una duda casi filosófica.

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En este metro se ha cubierto con un cristal, supongo que para que no lo robe la gente (con la que está cayendo), un martillo rompe-cristales. Lo que pasa es que hay que romper el cristal para coger el martillo rompecristales, de manera que tendría que haber otro martillo rompecristales, cubierto, para que no lo roben, por otro cristal que tendríamos que romper para… un bucle. Un bucle que genera una pregunta ¿que fue primero, al cristal o el martillo?

Definitivamente no puedo más que concluir que estamos en una crisis. Los medios de comunicación deberían hacerse eco de ella.

Adiós.

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COMPAÑEROS

20/01/2012 | 3 comentarios »

Prefacio: siempre he querido empezar una entrada con las palabras “que sorpresa la mía”.

Que sorpresa la mía cuando pasé por una tienda de juguetes cercana a mi casa, y en el escaparate (lugar destinado a exhibir, en principio, los mejores productos o aquellos más atractivos comercialmente) me encontré con esto:

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El juego de compañeros. El juego de una serie que hace 10 años emitió su último capítulo. Dios, que visión de negocio. Se van a forrar. Entre los adolescentes de ahora se lleva mucho el revival “ei, ¿os acordáis de esa serie que se terminó cuando teníamos 5 años? ¡Pues me he comprado el juego!”.

Ver este juego estimuló mi recuerdo (que no mi nostalgia, para sentir nostalgia de algo es una condición indispensable que no te parezca una basura) ¿que se habrá hecho de los actores de compañeros? Algunos han seguido sus carreras en el cine o en la tele como Quimi (Antonio Hortelano), Valle (Eva Santolaria) la pareja más rebelde y tonta de la historia de la televisión. O la chica bosnia (Ruth Núñez) que sorprendentemente no lo era, a pesar de lo bien que hacía el acento, la puñetera. También se ha podido ver recientemente a Eloy (Nicolás Belmonte) en la serie Los Borgia (No confundir con Los Borja, serie en preparación sobre las aventuras de un pijo madrileño que es nombrado papa).

Pero los demás, ¿que estarán haciendo ahora, a parte de salir en cajas de juegos? Podría investigar en internet, pero he preferido inventármelo.

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Cesar (Julián González): Harto de que le siguieran llamando “El niño de farmacia de guardia”, y de que le encasillaran en papeles de pelirrojo, Julián dejo el mundo del espectáculo. Fundó una sociedad secreta de juguetes rotos pelirrojos de la tele, llamada Club de Petanca la Amistad (para despistar). Entre sus principales objetivos está el de dominar el mundo. De momento controlan dos colmados y un videoclub en el casco antiguo de Zaragoza. Por algo se empieza.

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Luismi (Manuel Feijoo)

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Isabel (Virginia Rodríguez). Los pongo juntos porque los dos son parientes de Emilio Aragón (mucha gente lo sabía del primero y poca gente lo sabía de la segunda, pero está en internet, eso si lo he mirado). De hecho actualmente trabajan juntos haciendo bolos en discotecas. Se les puede contratar en la página www.semifamosos-parientes-de-emilio-aragon.org. Les va razonablemente bien, aunque tienen varias denuncias de del presentador Oscar Martínez por ofrecer sus servicios como pariente de Emilio Aragón.

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¿Cuantas veces habrá negado este señor su parentesco con la familia Aragón? Pero esa es otra historia.

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Sara (Lara de Miguel): Después de Compañeros ha seguido su carrera como actriz de segunda. Pero en realidad se trata de una tapadera. En el capítulo de la serie “Quimi contra el imperio de la droga” (la serie llevaba ya muchos capítulos y las tramas se iban complicando) descubrió que lo suyo eran las armas. Ahora, bajo su mirada angelical y sus prominentes (y recordados) pechos, se esconde una asesina mercenaria, que vende sus servicios a gobiernos de todo el mundo para mat… ¡ay!

Hola, soy la mujer de Rafel. No ha terminado esta entrada porqué repentinamente ha recibido un disparo en la cabeza y sus sesos se han esparcido sobre el teclado. Si se recupera, seguirá con sus chorradas en el blog.

Adiós.

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CARNE

21/12/2011 | 6 comentarios »

En mi barrio (Gracia, Barcelona) desde hace unos años existe un tienda cuyo nombre me llama mucho la atención (ya se que normalmente se usa la expresión “me llama poderosamente la atención”, pero yo quiero sacar el “poderosamente” de esta frase, liberar la palabra de su contexto habitual para poder utilizarla en otros sitios). Decía que el nombre de esta tienda me resulta curioso. No es la única con ese nombre, se trata de una cadena. El nombre de la tienda es Plataforma Cárnica.

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Supongo que le han puesto este nombre para que contenga dos conceptos: que venden carne y que son una cadena. “Cadena de carnicerías” era demasiado obvio. Y “vendemos cerne aquí y en otros sitios” demasiado explicativo com nombre de un tienda.

Pero a mi me parece un nombre muy desafortunado, con un punto desagradable. Lo primero que me imagino es una plataforma, es decir una superficie plana y elevada del suelo, hecha de carne. Un engendro diseñado por el Cronnenberg de la “nueva carne”. Me da la sensación de que un día entraré a uno de estos establecimientos y notaré que el suelo es blando, bajaré la vista y comprobaré que estoy andando sobre carne, que el suelo tiene bistecs en lugar de baldosas. Pesadillesco.

A parte de eso, siempre que paso por delante de esta tienda me acuerdo del que para mi es el mejor juego de ordenador de todos los tiempos: el Doom (de hecho, es el único al que he jugado, a parte de juegos tipo Tetris, Angry birds o el domino online). Con mi compañero de piso (y actualmente amigo) y mi amiga (y actualmente madre de mis hijas) estábamos enganchadísimos y poníamos nombre a los monstruos (como después he descubierto que hacíamos casi todos los que jugábamos al mismo juego). Pues bien, a este monstruo:

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Le llamábamos “bola cárnica”. Por eso no puedo evitar que al pasar delante de la plataforma cárnica se me quede una cara a medio camino entre el asco y la sonrisa.

Bueno, os dejo que me estoy cagando poderosamente.

Adiós.

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¡HURRA, HURRA! ¡IL DIVO HA LLEGADO A LA CIUDAD!

15/12/2011 | 9 comentarios »

El otro día vi este cartel anunciando un concierto de il Divo en Barcelona.

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Le hice una foto para recordar donde no estar el 26 de abril de 2012. No me malinterpretéis, no tango nada contra Il Divo, a parte de que me repugnan.

Y a parte también de lo incongruente de su nombre, que debería ser en plural. A no ser que il divo sea uno de ellos, y los otros tres meros comparsas, o divitos. O a lo mejor lo que pasa es que entre los cuatro forman un divo, en cuyo caso les animo a ponerse uno encima del otro y vestirse como una sola persona. Al menos su espectáculo sería más vistoso y tendría el aliciente de ver si alguno de ellos se lesiona.

Pero fijándome bien en el cartel me quedé con la cara de uno de ellos.

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Tiene una cara magnética. Muy sobreactuada, a pesar de que es una foto. Parece una parodia de galán de Hollywood de los años 40.

He investigado y il Divo lo componen un suizo, un francés, un norteamericano y un español, como en un chiste de los años 80. ¿Adivináis quien es el que me llamó la atención? ¡Premio! El español (el premio no es real). Se llama Carlos Marín. Y tenía que verlo en movimiento (podéis bajar el volumen, lo que importa es la imagen).

Corrijo: parece una parodia de un dibujo animado que parodia un galán de Hollywood sobreactuado. Si fuerza un poco más el gesto corre el peligro de romperse la cara. Me recuerda a la cara que ponía el ladrón de Enredados cuando pretendía seducir a Rapunzel.

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Solo que cuando en la película ponía esta cara era con una finalidad humorística. Y no creo que sea esa la intención del bueno de Carlos.

El siguiente paso ha sido buscar Carlos Marín en google imágenes. Probadlo y comprobaréis que no sale en ninguna foto sin posar. En todas gestos seductores, ojos chispeantes, dientes relucientes… Y en la mayoría ese mechón de pelo sospechosamente rebelde.

Esto no puede ser, este tío se entrena. Seguro que fuerza las caras ante el espejo. ¿Les pondrá nombre, a lo Zoolander? A lo mejor si.

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Esta se llamaría “lo se”.

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Esta: “pongámonos serios, nena”

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Y esta: “¿Que me dices?”

¿Que es este cosquilleo que siento? Diós mío ¿Me estaré volviendo fan de Carlos Marín? De hecho, ahora que lo pienso, no me parece tan mala idea ir al concierto. Retiro lo que he dicho al principio. Si alguien me quiere regalar un par de entradas, acepto.

Adiós.

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¡BASTA YA!

05/12/2011 | 6 comentarios »

Los que lleven asomándose por este blog desde hace tiempo, a lo mejor se acuerdan de que me molesta ligeramente que me llamen Rafa. Como se puede leer aquí no es poca la gente que se toma la libertad de reducir mi nombre a la primera de cambio o incluso antes. No se porque, pero creo que pasa más con Rafel (o Rafael en castellano) que con cualquier otro nombre.

Pues bien, el otro día esto llegó al límite del paroxismo cuando llamé a Movistar para hacer una consulta. Se que os parecerá increíble, pero juro por la trilogía de Star Wars (la primera, por supuesto) que el operador que me atendió, muy amable por otra parte, me llamó en repetidas ocasiones Don Rafa. ¡Don Rafa! Que contrasentido. El Don (trato casi aristocrático y algo arcaico, que sugiere cierta distancia) delante de Rafa (diminutivo familiar para el cual es necesario cierto grado de familiaridad, más cuando no sabes si al interlocutor le gusta que le llamen así). Me quedé muerto.

Por eso hay no hay humor en esta entrada, solo estupor.

Adiós.

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MARKETING DIRECTO

25/11/2011 | 9 comentarios »

Existen muchos eufemismos que utilizan los camellos para referirse a la droga: mierda (“Hoy te traigo una buena mierda, material de primera”), mercancía (“Te dejo la mercancía debajo del banco del parque de siempre”), calamar (“este calamar coloca que no veas”). Bueno, este último eufemismo igual me lo he inventado un poco. Pero no me negaréis que sería maravilloso.

Por no hablar de los eufemismos para las drogas concretas: rulas, farla, perico, chocolate, polvo, jaco, hierba, nieve, harina, pirulas, pastis, ful… Y más que no conozco. Es lo que tiene no ser drogadicto, no conoces el argot. A cambio vives más tiempo. No hay mal que por bien no venga.

En cambio, el otro día en Zaragoza vi este cartel.

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Esta camello, Rosa’s (si es que ese es su verdadero nombre), apuesta por el marketing directo. Yo me imagino a Rosa’s como el pequeño traficante de barrio, la de toda la vida. Rosa’s seguro que se sabe el nombre de todos sus yonkis. Este camello de proximidad se está perdiendo, por culpa de las grandes superficies (también conocidas como descampados) donde la droga es más barata, si, pero donde solo eres un cliente, donde no te dan algo que no se puede pagar con dinero: el trato humano. Que una cosa es que no les importe joderte la vida (y los dientes), y la otra es que no te traten como a una persona. Y además Rosa’s vende libros, alimentando así el intelecto de sus clientes y no solo sus venas.

Adiós.

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EL CASO DEL RATONCITO PÉREZ

11/10/2011 | 18 comentarios »

No acostumbro a explicar cosas personales, pero hoy me apetece. El otro día mi hija Maria (a punto de hacer 6 años) me enseñó como se le movía un diente y me expresó la ganas que tenía de que se le cayera para ponerlo bajo la almohada y de que viniera el Ratoncito Pérez a traerle un regalo.

Eso me hizo recordar una experiencia personal verídica. No se si la recuerda mi madre (¡Hola mamà!), pero yo sí. Se trata de lo que yo llamo “el caso del Ratoncito Pérez”.

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(Si lector lo desea, es recomendable leer esta historia escuchando música de saxo de película de detectives de los años 80)

Debía tener yo 6 o 7 años cuando se me cayó un diente. No se si era el primero o uno más. De todas maneras no es relevante para entender los acontecimientos posteriores. El caso es que puse mi diente bajo la almohada, lleno de ilusión por la inminente llegada del Ratoncito Pérez.

A la mañana siguiente, al levantar la almohada, encontré una moneda de 25 pesetas. Mi olfato me dijo enseguida que algo no cuadraba. Llámale instinto ¿Un ser mágico como el Ratoncito Pérez, si es que ese era su apellido real, haciendo un regalo tan mundano como una moneda de cinco duros? Si me hubiera dejado una golosina, o un muñequito… Pero ¿el vil metal? Decidí empezar a investigar.

El primer paso de mi investigación pasó por interrogar a la principal sospechosa: mi madre. La encontré en el lavabo, lavándose las manos. “Significativo…” pensé. No me anduve con chiquitas, decidí entrarle a bocajarro. Mostrándole la moneda, le espeté: “Esto lo has puesto tú, ¿Verdad?”. No pudo soportar la presión, y acabó cantándolo todo. El roedor apellidado Pérez era en realidad una entelequia bajo la que se escondían mis padres. Pero no solo los míos, sino los de los otros niños. Era una conspiración a gran escala.

En ese momento, me pasó por la cabeza una sospecha. Era algo terrible, pero ya no había manera de ignorarlo. Con la voz temblorosa por la tensión del momento, pregunté: “Entonces mamá… ¿Los reyes magos?”. Después de un instante que me pareció interminable, mi madre asintió con gravedad. Ahora me cuadraba todo: si realmente eran tan mágicos como para repartir regalos a todos los niños en una sola noche, ¿por qué Baltasar tenía que recurrir al betún para exagerar su negritud? La conspiración se continuaba desmontando ante mis ojos como un gran castillo de Naipes.

No quise remover más las aguas, que se iban enturbiando en cuestión de segundos. No estaba preparado todavía para descubrir que en realidad los cabezudos no eran niños con una cabeza monstruosamente desproporcionada. O que solo existían los gnomos de yeso. O que, en realidad, los mosqueteros nunca fueron perros con capacidad de hablar.

Volví a mi habitación con la cabeza convertida en un hervidero de dudas y decepciones. Supongo que en eso consiste hacerse mayor. Pero entre las dudas había una clara certeza: de mayor sería detective. A mediodía quería ser bombero.

Adiós.

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ME REPITO, LO SÉ

26/09/2011 | 6 comentarios »

Adiós

(Es que el último día, como me hizo saber mi amiga Julia Cot, la Mónica Geller del barrio de Gracia, me olvidé de despedirme de vosotros. Ahora sí, ahora voy con la entrada)

Hola.

No puedo contenerme. Y creedme que lo he intentado. Pero no puedo dejar de comentar esta foto.

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Igual la siguiente reflexión os suena de algo. Pero mientras haya marcas que continúen haciendo cosas como estas, un servidor continuará denunciándolas.

Vamos a ver: Negritón. Se trata de una versión más grande del entrañable Negrito. Lo que me hace daño a la vista es que la combinación de -ito (sufijo que indica que algo es pequeño) y -ón (sufijo que indica que algo es grande). Como los señores de Frigo deberían saber, por poco que apliquen la lógica, este helado es una contradicción. Una contradicción deliciosa si quieren, pero una contradicción al fin y al cabo. Algo pequeño engrandecido se queda en algo de tamaño normal. Por la tanto este helado tendría que llamarse Negro.

Pero claro, ir al bar y decir: “Déme un negro”, puede sonar mal. En ese caso propongo los nombres Helado de color o Afroamericano. Si lo que se quiere destacar con el nombre es el tamaño del nuevo helado se podría llamar Negrazo o Negrote ¿Que queda todavía más racista? ¿Es que nadie se acuerda de cómo era el anuncio de lanzamiento de Negrito? Pues mirad este video a partir del minuto 3:25.

Señores de Frigo, yo apuesto por Negrazo.

Adiós.

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UNA EMPRESA VALIENTE

19/09/2011 | 3 comentarios »

El otro día circulaba por la autopista cuando adelanté un camión de esta compañía.

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Para esta empresa familiar, la familia debe ser muy importante. Son de Gandia o sea que se hubieran podido poner Transportes Gandia, que es un nombre por el que no aparece ninguna empresa en Google. Pero no, ellos tenían un apellido, y aunque suene raro o dé para bromas es su apellido. Aunque la gente, cuando llame a la empresa, espere que le respondan:

- Transportes Bordes ¿qué coño pasa?

- ¡Uy! Qué mala leche ¿no?

- Pues suerte que no le ha cogido el teléfono mi hermano.

En una época donde reina la tiranía del marketing, me alegra la valentía de Hermanos Bordes, S.L.

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PRODUCTOS AUTÓCTONOS

13/09/2011 | 3 comentarios »

Este verano no me quedó más remedio que comer en un aeropuerto. Para terminar tan dudoso placer me decanté por un postre compuesto por porciones de sandía y melón. Una encomiable manera de zanjar la absurda rivalidad entre estas dos cucurbitáceas, por la cual no puedo más que aplaudir a la firma Bocatta. No alabo tanto este intento absurdo de dignificar un nombre obviamente coloquial simulando un origen italiano con esa doble T. Patético. O pattéttico, si lo prefieren, señores de Bocatta.

Ahora, eso sí, queda bien claro de donde proceden sus productos.

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“Hecho en la tierra”. Muy bien, cuando estoy en un sitio me gusta comer lo que produce ese sitio, y si estoy en el planeta Tierra, lo que toca es comer productos autóctonos terrícolas.

Porque me niego a pensar que los de Bocatta nos consideren tan estúpidos como para no saber que las sandías salen de una planta que brota del suelo, que somos tan tontos que creemos que la ciencia ha logrado crear un melón en un laboratorio. El melón de Frankenstein. No puede ser que nos tomen por tan ignorantes ¿verdad? Por eso he preferido creerme la primera opción, la del planeta Tierra.

Adiós.

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