El otro día me encontraba leyéndoles un cuento a mis hijas… ¿Cómo? ¿Que me estoy poniendo pesado tanto hablar de mis hijas? ¿A ti que te pasa, tío? ¿No tienes sensibilidad para dejar que un padre hable dos días seguidos de sus hijas? Además este es mi blog y hablo de lo que me sale de los huevos, nunca mejor dicho. A los demás, perdonad, pero es que hay gente que siempre tiene que quejarse.
Como decía, antes de que me interrumpieran, me encontraba leyendo un cuento a mis hijas. Concretamente este:

Traduzco: “Ricitos de oro y los tres osos”. Es aquel cuento en que una chiquilla allana la morada de tres osos obsesionados por el tamaño de las cosas (yo conozco sillas y camas para niños y para adultos, pero no de tamaño mediano. Fijo que se las hacían a medida).
Esta sería una velada normal en casa de la familia Barceló de no ser por la siguiente observación que hizo mi hija mayor: “Però aquesta nena no te rínxols” (“pero esta niña no tiene ricitos”). La verdad es que no me había fijado pero lo que decía mi hija era totalmente cierto.

Hay tres cosas que quedan claras en el título del cuento: sabemos que los osos son tres, sabemos que la chica es rubia y que tiene el pelo rizado. No creo que sea muy difícil respetar estas tres cosas. Creo que queda terreno libre más que suficiente para la aportación personal de la ilustradora. Puede imaginarse la casa, por ejemplo; puede situar la acción en el polo norte y hacer que sean osos polares; puede incluso cambiar los tres platos de sopa por tres platos de arroz con bogavante, pero el título al menos hay que respetarlo. Y en el título se lee bien claro “ricitos de oro” no “Melenita lisa de oro”
No te digo yo que la niña tenga que tener los pelos rizados como el pubis de un negro, pero al menos ponle unos tirabuzones. Porque, ya que estamos, no respetemos ningún título de cuento:
- El gato con botas. En la versión de Gloria Carasusan (la ilustradora del cuento) el gato podría llevar perfectamente mocasines.
- Los tres cerditos. Los tres cerditos podrían ser cuatro. El cuarto tendría la casa de titanio.
- Caperucita roja: En lugar de llevar una capucha de color rojo, la niña podría llevar una riñonera fucsia. Así podría transportar la comida sin necesidad de cesta, y tendría las manos libre para tumbar al lobo con una llave de karate.
No supe qué responderle a mi hija. Todas las respuestas pasaban por llamarle incompetente a Gloria Carasusan. Y yo no conozco a esta señora. Vete a saber, igual estaba pasando una mala racha. O igual tiene un trauma que le impide dibujar rizos porque, qué se yo, Maradona tuvo una noche loca con ella y después si te he visto no me acuerdo. Cosas más raras se han visto.
Adiós.